El Corazón de Gullveig

El Corazón de Gullveig
"...Tre gånger brände de den tre gånger borna,
ofta, ej sällan, dock ännu hon lever..."


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sábado, 7 de septiembre de 2013

V.-


El Gerente General es un ambicioso CEO internacional, Director de Operaciones, Director de Proyectos, Lider de Negocios de nivel Ejecutivo, con más de 22 años de experiencia y servicio leal a Empresas clave.

En su último cargo, fue Gerente General de una Empresa recientemente establecida, asumiendo el cargo de CEO a él ofrecido por decisión unánime de los tres Socios empresariales. Él manejó un presupuesto de 98937300000304050040405000455,3 M € y fue responsable de 35474061980945098514958145 empleados. Esto es solo parte de una serie de puestos ejecutivos exitosos.

A continuación se presenta una selección de habilidades y áreas de experiencia que respaldan sus logros y su consecuente e inevitable éxito...






"Pillars of Society" 1926, George Grosz

viernes, 30 de agosto de 2013

IV.-




Recuerdo de la sala de espejos de Bruselas, 1920. Otto Dix


"...
Oh how the ghost of you clings, 
These foolish things 
Remind me of  you
..."


These foolish things (remind me of you). 1936,  Eric Maschwitz

lunes, 13 de agosto de 2012


III.-





La esposa del Gerente General es bióloga marina, pero dedicó su vida profesional al ejercicio de la docencia en escuelas públicas. Ella quiso contribuir con su conocimiento y savoir faire al desarrollo de niños de clases no favorecidas.

Al cumplir 50 años abandonó su carrera docente para seguir al Gerente General en su derrotero por el mundo. Ahora vive tal vez en Oman, Dubai, o Singapur y, aunque disfruta de las atracciones locales desde la observación pintoresca, siente que no hay mejor gente que la de su tierra. Ella es una elegida.

Sus hijas estudian en las más exclusivas escuelas privadas y ella está orgullosa de la formación que les brinda: son entrenadas para defender cualquier principio, incluso aquellos con los que no concuerdan.

Adora los emprendimientos de bricolage y participa activamente en programas de defensa del medio ambiente.

Su sueño actual es adquirir el nuevo BMW X6. Preferentemente negro.

Las profundidades marinas le asustan.

Es tolerante. Entiende que algunas veces es mejor saber “no ver”.

No pregunta.

Ella es timón de su mayor projecto: una familia exitosa.

Ella es la esposa del Gerente General.


martes, 27 de diciembre de 2011

II.-


Metropolis. Otto Dix. 1928


"...Those greedy eyes don't realize he is someone's son...".


El Gerente General nació en el seno de una familia aristocrática, si es que puede llamarse aristocracia a las familias acomodadas de los pequeños pueblos al borde del mar. Algunas calles del pueblo llevan el apellido de su madre, y seguramente los peones y jornaleros cedían ansiosamente sus sillas a su abuelo materno cuando este entraba en el bar.

Lo que en las grandes ciudades se dispersa, en los pueblos se concentra y se hace aparente. El Gerente General no solo nació aristócrata: se supo aristócrata desde su más temprana edad. El contraste es ineludible en los pueblos pequeños, y él entendió las diferencias desde un inicio. El podría haber llamado "mother" a su madre, en lugar de mami, o mamá. El podría haberlo hecho, pero según él asegura, no lo hizo.

Por amor o por descuido, su madre se casó con su padre. Su padre, de quien todos murmuraban y de quien nunca más se habló. Ese, que añadió un apellido común junto al que llevan las calles del pueblo. Por amor, seguramente, su madre parió a su primer hijo. El Gerente General tiene un hermano mayor. Digo por amor porque probablemente en un inicio hubo algo de amor. Y ese amor perduró lo suficiente como para engendrar al Gerente General, que vino en segundo lugar, justo cuando el amor acabó.

No existen mayores datos sobre los motivos del abandono. No se sabe si el padre huyó cobardemente tras la estela de otras faldas o si la madre era técnicamente insoportable. Lo que si se sabe es que el padre nunca quiso al Gerente General. Y eso se sabe por descarte, porque el padre ya ha muerto y jamas hubo contacto registrado. Y a la hora del entierro, en un acto de sorprendente coherencia, ni el hijo mayor ni el Gerente General concurrieron a dar sus pésames.

Cualquiera que sea la razón, jamás será develada. Algunas veces no es tan preocupante la falta de respuestas, sino la ausencia de preguntas.

Nadie elige las circunstancias en las que viene al mundo, pero si se puede elegir qué hacer a partir de ellas. Y el Gerente General eligió. Lo hizo como pudo, porque no es que haya sido totalmente libre en su elección. Nunca hay opción que ejercitar desde el parámetro cero. Preso de su primer paradoja, la de nacer con cantidad de recursos pero envenenado de marasmo terminal, el intentó desde el principio subsanar esa falta, esa ausencia de todo, ese agujero impecable de nada. El decidió ser imprescindible.

Nadie puede dar aquello de lo que carece, y hacerse imprescindible sin dar es una triste contradicción. Uno puede ofrecer y prometer, pero la imprescindibilidad requiere de una entrega. Y no cualquier entrega, sino de aquella que solo uno puede ejecutar.

En el inventario general de assets están aquellos que solo son susceptibles de ser recibidos, y otros que pueden ser adquiridos. Y como él carecía de los primeros, porque nadie los depositó en él, mal podría haberse hecho imprescindible a partir de semejante carencia. Comprendió entonces que debería dedicarse a los segundos, y que la tarea de adquirirlos para después poder ofrecerlos debería depender exclusivamente de él.

Ese fue el comienzo de todo: la febril acumulación para llenar el catalogo de deseos y volverse interesante, en primer lugar, e imprescindible, a largo plazo. El primer paso de un master plan vitalicio que tal vez tramara, intuitivamente, entre duraznos en almíbar y chocolatadas, catapultado por la insaciable sed de aquello que le fue negado.

Y como pocas cosas dan mayor inmunidad que la certeza de no tener nada que perder, el Gerente General es - a los ojos de muchos y especialmente los suyos - invulnerable.

domingo, 16 de octubre de 2011

I.-

(Drei Dirnen auf der Straße, Otto Dix, 1925) 

El gerente general es un hombre exitoso.

Ha sido entrenado en el oficio de la evaluación de riesgos y el planeamiento estratégico. La aplicación práctica de sus conocimientos ha resultado en una indefinida concatenación de decisiones redituables. Nada ha sido fruto del azar. El ha desarrollado la inusual capacidad de vivir en el mañana. El traza y evalúa potenciales escenarios y diseña tácticas insondables.

El gerente general es un hombre adinerado.
El controla a la perfección el medio en donde se desenvuelve. Obtiene y gestiona información exclusiva. Sus resoluciones tienen la precisión quirúrgica de un bisturí. La competencia le teme y admira. El sabe hasta donde llegan los límites de lo aceptable y cruza esos límites con maestría cuando la situacion asi lo requiere.

El gerente general es un hombre de coraje.
El conoce la diferencia entre valor y precio; y disfruta con entusiasmo antropológico del proceso de tasación de seres y cosas. Participa activamente en actividades mercantiles de la mas variada naturaleza. Entiende que cuanto mayor la concesión, mayor el precio, y paga y cobra generosamente por las ineludibles renuncias y entregas que su actividad demanda.

El gerente general sabe de sacrificios.
Por cuestiones estratégicas ha decidido mantener un perfil bajo. No realiza actos publicitarios ni se expone abiertamente a las bendiciones del exito. No es que el esconda sus logros; sólo omite su promoción. El prefiere que sus aciertos hablen en su lugar. El no quiere mostrarse; el quiere ser visto. El no quiere ofrecerse; el quiere ser requerido. El entiende del influjo de la humildad planificada y de la euforia inherente al proceso de descubrimiento.

El gerente general conoce a la perfección las leyes del deseo.